domingo, enero 29, 2006

Etiqueta Negra 30


Regresaba a Iquitos luego de un corto viaje a Lima el pasado mes de Diciembre, había tenido que pagar exceso de equipaje pero no tanto como pensé, por lo que extrañamente me sobraba algo de dinero en el bolsillo. Luego de chequearme y dar una vuelta por ahí haciendo tiempo, a la espera de alguien que dijo que me iría a buscar para entregarme un pequeño encargo para su familia, y que nunca llegó, decidí que ya era hora de embarcarme. Camino a la sala de espera, pasé por una tienda de esas que venden casi de todo y que en un pequeño escaparate tenía algunas revistas, entre ellas divisé una Etiqueta Negra. No lo pensé mucho para entrar y comprarla, acto seguido llegué a la sala de espera y prácticamente de inmediato llamaron a formar cola y en un triz ya estaba sentado en el avión.

Habiendo almorzado en casa, tenía cero expectativas sobre el refrigerio del vuelo; y sueño tampoco me provocaba, por lo que decidí adelantar la lectura de la revista, poniéndome a hojearla. Quedé capturado. Para cuando llegamos a Tarapoto (el vuelo era con escala y yo ni enterado) ya me había leído la mitad de la revista, la otra mitad no la terminé en el resto del vuelo, pues resultó que en Tarapoto subieron los integrantes del grupo Sonido 2000 y me estuve distrayendo con sus ocurrencias. Pero creo que lo primero o segundo que hice en Iquitos fue terminar la lectura.

Escribo esto luego de haber leído y puesto en blanco y negro mis comentarios sobre el obviamente posterior número 31. Trato de encontrar qué es lo que los diferencia, qué hace de este un número excelente y del otro un número medio aburridón. Para empezar acá los artículos son menos en cantidad y más largos, más profundos, más exhaustivos, empatizan mejor con el lector. ¿Quizás el tema elegido se presta mejor para eso? ¿Quizás la selección de escritores o artículos estuvo más inspirada?, vaya uno a saber. Es probable que tan sólo sea una cuestión subjetiva y a muchos les parezca mejor el número 31 que éste; en fin, sea como sea paso a hablar de los artículos.

El tema es la comida, o lo que se come o toma, y los que comen claro. El primer artículo que leí fue “Un equilibrista de platos en Manhattan” una excelente nota del periodista mexicano Wilbert Torre sobre los meseros, esos personajes a veces invisibles de los restaurantes, pero siempre presentes (En realidad se les nota cuando brillan por su ausencia); por supuesto los de NY no tienen comparación con los de esta parte del mundo y la nota nos permite enterarnos de algo de esa vida de excesos y despilfarro que se vive allá, pero también de la dedicación a una labor que hace posible que un inmigrante logre un buen nivel de vida en los EUA.

Acto seguido pasé al inquietante artículo “El perro es el mejor amigo del hambre” adaptación de un ensayo del conocido antropólogo Marvin Harris que explora varios de los tabúes que tenemos con respecto a lo que comemos, a propósito del hecho de por qué no nos comemos a nuestras mascotas. Harris hace gala de vastos conocimientos y erudición sobre el tema y nos cuenta todo con un entretenido estilo, dejándonos con ganas de leer más. (De hecho puse el libro de donde se extrajo el artículo en mi lista de comprables cuando lo vea).

De ahí leí el testimonio de largo título de la escritora china Yiyun Li “Si aún no entienden el hambre, puede que en chino lo entiendan mejor”, recuerdos de la vida de la autora, enlazados por historias de comidas y hambre, historias que pueden sonarnos extrañas pero nunca aburridas, y mediante las cuales la autora se reconcilia con el recuerdo de una figura querida y vital para muchos de nosotros: el abuelo.

Ya en la segunda parte del vuelo leí el corto artículo de Daniel Alarcón “La disciplina del glotón”, una crónica sorprendente sobre aquellos que se dedican a comer y comer y comer para ganar campeonatos de glotones en USA. ¿Sabía usted que un japonés se comió 53.5 perros calientes en 12 minutos? Yo tampoco.

En lo que quedó del vuelo me leí la nota de Daniel Titinger sobre nuestras escaramuzas con el vecino del sur: “La guerra fría del Pacífico por el Pisco”. Pensé que no leería nada nuevo, pero me equivoqué, Titinger encadena las más diversas anécdotas y antecedentes sobre estos hechos para entregarnos una sabrosa y picante crónica de guerra (fría). Al final provoca pensar que Chile nos hace más peruanos, realmente.

Los artículos que deje para leer más adelante, es decir en Iquitos, fue por que no me llamaron mucho la atención. En el caso de “Darwin y el asco“ de William Ian Miller me pareció precisamente un poco escatológico pero resultó ser una nota corta y de profunda reflexión sobre por qué algunas cosas nos dan asco y mas aún, por qué y cómo es que sentimos eso que llamamos asco.

“El enigma del Ketchup” de Malcom Gladwell no lo leía porque no me gusta el ketchup, pero cuando me decidí a leerlo descubrí una ilustrativa crónica sobre la historia de este producto plena de datos interesantes sobre la industria alimenticia estadounidense. Hay un par más de artículos por cierto, pero los que comento fueron los que me gustaron, es decir, casi toda la revista. Ojalá tenga pronto entre mis manos otros números como este.


Pueden leer extractos de cada artículo aquí. Nuevamente mi agradecimiento a Toño Angulo y Carlos Chavarry de EN por la autorización y el envío del archivo digital con la carátula de la revista.


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2 comentarios:

Alquimista dijo...

El enigma del ketchup es un muy buen artículo. Trata sobre un resonado caso de marketing sobre la pluralidad de los patrones de consumo. Muy recomendable.

Juan Arellano dijo...

Sí, como dije, encontré muy interesante la nota, a pesar que no me gusta el ketchup, jaja.