domingo, febrero 15, 2009

Entrevista a Luis Pestarini de Cuasar

En la web de Forjadores publican una muy interesante entrevista a Luis M. Pestarini, fundador de la revista de Ciencia Ficción: Cuasar, una de mis favoritas desde sus primeros números, en los ahora lejanos años ochenta. Coincidentemente este año se cumplen 25 desde que Cuasar vió por primera vez la luz, y aún sigue en la brega! Les dejo con un par de párrafos (tres en realidad) de la entre, los interesados la pueden leer completa en el enlace indicado.

Mario César Carper: ¿Qué te impulsó a crear un lugar para escritores en papel? ¿Y justamente sobre Ciencia Ficción?
Luis Pestarini:
Comencé a publicar Cuásar cuando tenía 21 años, o sea cuando era un joven bastante inconsciente. Había un clima de efervescencia cultural, acababa de terminar la dictadura y de la mano de Sergio Gaut vel Hartman había nacido el Círculo Argentino de Ciencia Ficción y Fantasía que, pese a sus limitaciones, ofreció un espacio para autores, ilustradores y también editores. Se publicaban revistas, pero me parecía que había territorios que no estaban cubiertos —la crítica, el ensayo— y que, además, las publicaciones que había entonces (El Péndulo, Minotauro, Sinergia y Nuevomundo) no le prestaban atención a un fenómeno que estaba sucediendo en el mundo anglosajón: el nacimiento del ciberpunk y de un contramovimiento, que entonces se llamó el humanismo. De ahí que en Cuásar tuviéramos el privilegio de publicar por primera vez en español a autores como William Gibson, Bruce Sterling y Kim Stanley Robinson, entre otros.

M.C.C: ¿Recordás algún número en especial?
L.P.:
Bueno, digamos que recuerdo todos los números, algunos con más claridad que otros. Hubo sucesos que afectaron la producción de la revista de manera dramática. El número más extenso que hicimos, el 9/10 —casi 300 páginas— hubo que hacerlo dos veces: cuando lo iba a retirar a la imprenta, descubrí que se había incendiado cuando imprimían la revista. Había hojas de Cuásar chamuscadas y mojadas por toda la cuadra. Hubo que rehacer todo el contenido. Hay que recordar que en los ’80 los originales se armaban cortando y pegando el papel, no desde archivos digitales. También fue dramática la aparición del número 33, en enero de 2002, en medio del caos en que había caído Argentina. Fue muy impresionante recibir unos cuantos e-mails de lectores que nos contaban cómo se emocionaron cuando recibieron la revista, sentían que todavía sobrevivían espacios positivos en un país donde todo parecía derrumbarse. Pensándolo un poco, es un pequeño milagro que una publicación literaria sin apoyo financiero alguno haya sobrevivido al último cuarto de siglo en nuestro país.

M.C.C: ¿Qué temas preferís publicar? ¿Hay algunos requisitos para los escritores?
L.P.:
La primera pregunta es un poco difícil de responder. Prefiero publicar lo que me gusta leer. Como la revista no tiene aspiraciones comerciales, puedo darme el lujo de no pensar en si un autor o un tema pueden provocar mayores ventas. A mí me interesa la literatura fantástica que trabaja sobre ideas, pero siempre sin olvidar que es literatura y que, como tal, debe estar bien narrada. Siempre digo que la ciencia ficción, al menos la parte de la ciencia ficción que me interesa, es una rama de la filosofía, porque se hace las mismas preguntas: ¿qué somos? ¿qué es la realidad? ¿hay una posibilidad de trascendencia? Me parece que la ciencia ficción abre un espacio enorme para especular sobre estos temas, y para hacerlo de manera entretenida. Sobre si hay requisitos para los escritores, diría que más bien los hay para los textos: deben ser inéditos, deben poder clasificarse en el fantástico en sentido amplio (ciencia ficción, fantasía, terror) y no superar las 12.000 palabras, una extensión por encima de la cual complica la publicación por el espacio disponible en cada número. Y, por supuesto, están los valores más abstractos: que esté bien escrito, que sea original, por ejemplo.

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