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jueves, abril 16, 2009

Trabajo infantil

Pilpintuwasi, 189

Hace un rato publiqué en Global Voices en castellano este mini post: Bangladesh: Foto Ensayo sobre trabajo infantil. Contiene un enlace a una serie de fotos tomadas por el fotógrafo bangladesí G.M.B. Akash sobre el trabajo infantil en su país. Las fotos son por demás elocuentes y recomiendo encarecidamente su visión. Además de constituir un documento de denuncia contra esta forma de explotación, tienen una lograda estética en sí mismas. En el post original además, Akash incluye un texto que me tomo la libertad de (mal) traducir:
Para abolir el trabajo infantil hay que hacerlo visible.

Durante los últimos cuatro años he estado investigando en el trabajo infantil en Bangladesh.

El trabajo infantil ha sido prohibido en Bangladesh desde 1992. En Diciembre del 2005 visité una fábrica textil en Narayanganj, que es el centro de la industria textil en Bangladesh. Tomé una foto del dueño pegándole a un niño de 12 años por ser muy lento cosiendo polos.

De acuerdo al reporte del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, mas de 6.3 millones de niños de menos de 14 años trabajan en Bangladesh. Muchos de ellos trabajan en muy pobres condiciones; algunos de ellos incluso arriesgan sus vidas. Los dueños de las fábricas les pagan de 400 a 700 taka (10 USD) por mes, mientras que un trabajador adulto gana hasta 5,000 taka por mes.

Esto es ampliamente conocido, pero por mucho tiempo a nadie parece importarle. Con mi trabajo quiero que la gente enfrente el problema del trabajo infantil y motivar a la gente a empezar a pensar en eso — que es en Bangladesh donde trabajan los niños y es en los paises ricos de occidente donde se venden los productos producidos por los niños.

Mi intención es no sólo mostrar a los niños trabajando como víctimas de malos jefes que los explotan, sino mostrar la complejidad de la situación: Los padres que envían a su pequeño a trabajar en una fábrica porque son pobres; el niño que tiene que trabajar para ganar un sustento para la familia; el jefe de la fábrica que es empujado por las gandes compañías textiles a producir por menos dinero; y los consumidores occidentales como clientes que compran ropas baratas.

Creo que es imposible abolir completamente el trabajo infantil en Bangladesh en poco tiempo, pero estoy seguro que es posible mejorar las condiciones de trabajo para los niños y llevarlos de las fábricas a las escuelas.
Pero no es necesario irse tan lejos para encontrar estos problemas, las últimas cifras oficiales (del 2001) consideraban 1.8 millones de niños trabajando en el Perú, y actualmente se estima q la cifra debe superar los 2.5 millones de niños, según un informe de RPP. Las causas y consecuencias de esto son muchas, y dada la crisis económica no creo que haya mejoras en la situación. El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia apoya a los niños sin embargo no es suficiente. Basta con recordar desde los casos de los niños esclavizados en las zonas mineras o las niñas que son víctimas de explotación sexual a los niños mendigos o los niños burrier para saber que hay mucho por hacer en este campo.

La foto que acompaña a este post es mía, y la verdad no se si es un niño trabajando o simplemente jugando, pero se le ve tan diminuto entre la cantidad de madera a la orilla del río que a primera vista me pareció que tenía problemas para salir de ahí. Esa madera son desechos de un aserradero o triplayera, y hay gente que recicla esos desechos. Es probable que el niño se dedique a esa labor aunque quizás en ese momento no lo esté haciendo. Tomé la foto en diciembre del 2007 en el río Nanay, Iquitos.

jueves, enero 15, 2009

La vida en las antípodas

Bueno, no exactamente, pero casi. Se dice que la vida personal de la gente oriental, comúnmente llamados por nosotros chinos, así sean japoneses, koreanos, vietnamitas u otros, es bastante diferente a la nuestra. Se habla mucho de la rigidéz de costumbres y estricto código de trabajo de los japoneses, por ejemplo. En contraste nosotros debemos parecerles como algo disipados y despreocupados en nuestro diario actuar. (Leer este post por si dudan). Pero no es tanto de eso de lo que quería comentar, si no de las experiencias personales de vida. Revisando las traducciones para Global Voices en Español llegué a un par de posts sobre la vida de dos distintas personas en esos distantes países. Paso a ellos:

Koheko es un blogger japonés que reflexiona sobre la vida laboral de los jóvenes japoneses en estos tiempos de crisis (Pueden leer la entrada completa en castellano acá):
Debo preguntarme, ¿es Japón realmente un país tan próspero? Es un misterio. Al menos entre mis amigos y yo que vivimos acá, no tendemos a pensar en nosotros como felices. Pisotear al otro para pasar, pero también te pueden pisotear en cualquier momento, esa es la forma en que vivimos. No puedes confiar en tu jefe, y todo lo que tus subordinados te digan te irrita. Creo que no todos están en una situación grave, pero al menos entre los que están trabajando en empresas, más de unas cuantas frases sonarán a verdad. Sonrío cuando hablo del trabajo que estoy haciendo ahora. Parece que es un verdadero lujo poder hacerlo en estos días.
La verdad que suena duro, pero no tan lejano tampoco, hasta me recuerda algunos trabajos que he tenido. El stress laboral es fuerte también por estas latitudes, aunque a veces lo percibamos de otras maneras, leamos si no lo que dice el blogger de Comentarios de un Peregrino:
Hay semanas donde cada día es un lunes y los viernes no existen; y eso es solamente hasta el siguiente lunes. Yo soy un esclavo remunerado; es cierto, mi prisión es condicional y cómoda, dorada dirían algunos, pero no por ello menos prisión ... y yo sé que hace mucho que no soy el mismo, por que vivo para los viernes pero siento que todos son lunes.
El otro post que leí y también gira sobre la vida personal del blogger, viene desde Corea. Lo que se toca acá no es el trabajo directamente sino el aspecto sentimental, mas precisamente, el choque entre lo sentimental y la realidad, es decir, el matrimonio y cómo el dinero o el trabajo, lo afecta. (Pueden leer la entrada completa en castellano acá):
Mientras preparamos la boda, mi novia dijo, “El matrimonio es realidad. Aunque ames mucho al otro, si no tienes capacidad práctica para mantener el amor, es fácil que uno de ellos sea miserable. Entonces me hizo acordar a mi amigo. Acaba de romper su compromiso. Han estado juntos por mucho tiempo y las familias de cada lado se han conocido oficialmente. El siguiente paso era elegir la fecha de la boda. Pero a mediados de diciembre, a mi amigo lo despidieron. No pudo encontrar un trabajo de inmediato. Hablaron de retrasar el matrimonio hasta que él encontrara un nuevo trabajo y empezaron a tener peleas frecuentes. Al final, él terminó. Mi novia dijo que ella terminaría también. Para casarme y seguir casado, debería ganar mucho dinero. Como sea, amo tanto a mi novia.
Esto como que suena un poco más frío, como eso que el matrimonio es sólo un contrato, pero llevado al extremo. ¿Será que por estas latitudes no pensamos tan mercantilístamente las cosas? ¿Será por eso que tantos matrimonios fracasan? Quizás no hay que irse a lo radical, ni un matrimonio con amor cómo único ingrediente y ninguna perspectiva de mejora económica a corto o mediano plazo, ni un matrimonio únicamente basado en cuanto gana el/la futuro cónyugue. Personalmente creo que una vida matrimonial con todas las comodidades materiales pero sin amor puede llegar a ser una cárcel y por otro lado un matrimonio lleno de pobreza no es justo tampoco para los cónyugues y menos aún para los hijos. Y hablando de hijos y stress, les dejo con este post de Las Burbujas Recargadas, tangencialmente relacionado:
Me espanta ver a los pequeños entrando desde cada vez más tierna edad en la rat race y a los padres cada vez más estresados con ese rollo de “a esta edad es cuando deben aprender todo…” ¿Quién necesita estrés a los cinco años? Y peor aún, ¿quién necesita estresar a un niño de cinco años? Hay que estar mal de la cabeza. No. Me dirán relajada, descuidada, perezosa, pero no me importa. Sigo creyendo que para los niños el verano es –o debería ser– para divertirse y relajarse. Para desestresarse de los otros 10 meses metidos en la escuela. Para revolcarse en la arena, llenarse de barro en el parque, comer helados, ver TV e ir al cine, tirarse de panza y dormir siestas; o en todo caso para actividades distintas y que a los chicos les gusten mucho.

Imagen obtenida de Junling’s Blog.